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El primer dato conocido hasta el momento
relativo a nuestra Hermandad se contiene en una cláusula testamentaria por la
que el Presbítero local Bartolomé Ximenes deja unas rentas para que se le
digan misas a su fallecimiento ante la “ efigie
de Nuestra Señora de la Soledad con pena” (1556), sin concretar el lugar
donde recibía culto la Virgen Santísima. A la iniciativa de este mismo Presbítero
se debe la construcción de uno de los retablos más importantes de los
conservados en la Iglesia Parroquial, el de Santa Ana, ejecutado por el
imaginero Roque de Balduque. La autoría de la Imagen bendita de la Virgen Santísima
sigue siendo un misterio, pero diversos investigadores aluden al círculo de los
más renombrados imagineros y escultores del renacimiento, como pueden ser Juan
Bautista Vázquez “el Viejo” o Miguel Adán.
No habiéndose hallado aún las Reglas
Fundacionales de la Hermandad, en 1582 se redactan las primeras reglas
conocidas, de Fusión con la Hermandad de San Bartolomé Apóstol, momento en el
que la Hermandad establece su sede canónica en el Hospital de San Bartolomé,
próximo a la Ermita de San Gregorio. En estas reglas se aprecia el marcado carácter
devocional de Nuestra Señora, adoptando una doble cualidad, de Pasión y de
Gloria, puesto que se establece la salida en procesión el Viernes Santo con la
insignia de Cristo Yacente y el Domingo de Resurrección con la insignia del Señor
Resucitado. Esta dualidad devocional, su mucha antigüedad, los milagros
atribuidos y el acendrado fervor que inspira entre todos los alcalareños, hace
de Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad el centro devocional de nuestra
Hermandad y de nuestro pueblo, hecho corroborado en el decreto de su Coronación
Canónica por la Santa Madre Iglesia.
En los siglos XVI y XVII es evidente en la
Hermandad la vocación de Caridad y asistencia a los más necesitados, con el
mantenimiento a su cargo del Hospital de San Bartolomé, institución clave de
este periodo en nuestro pueblo. Durante el siglo XVII la Hermandad se consolida
económicamente, y ya en 1639 costa documentalmente que la Hermandad se
encuentra establecida en su ubicación secular desde entonces, la Capilla más
cercana al Presbiterio de la Real Ermita de San Gregorio, figurando en su
interior el Señor en posición de crucificado (la imagen del Señor de la Misericordia es articulada para posibilitar
la Función Solemne de su Descendimiento), Nuestra Señora y el Señor
Resucitado. Más adelante, en 1694, sabemos por un visitador del Arzobispado que
la Imagen de la Virgen se halla situada frente al Santo Patrono Gregorio de
Osseth, en el Presbiterio. Los diversos Libros de Visitas del Arzobispado nos
aclaran que en el interior de nuestra Capilla se hallaban las Imágenes Sagradas
de “un Santo Cristo, crucificado, de
bulto” y el Señor Resucitado.
Durante
el siglo XVIII, se suceden los testamentos de soleanos, dejando tierras y
propiedades a la Hermandad, que va viendo enriquecido su patrimonio, atendiendo
igualmente las actividades caritativas propias del Hospital de San Bartolomé.
Así, es de destacar la donación que en 1753 efectúa el Regidor perpetuo de la
villa, D. Andrés Adame Zambrano: las letras de plata con la leyenda del
Stabat Mater y que componen las cuatro caras internas de la bambalina del Paso
de los traslados al Septenario, iniciando el mecenazgo sobre la Hermandad de
esta ilustre Familia soleana, los Zambrano. Años más tarde, este Sr Adame
Zambrano también donaría a la Hermandad el altar barroco donde hoy día recibe
culto el Señor Resucitado, pero que fue durante más de cincuenta años fuera
el altar de la Virgen Santísima, frente a San Gregorio, en el Presbiterio de la
Ermita del Patrono. También establece este Sr en su testamento que de la renta
obtenida cada año de una tierra de su propiedad cercana a nuestro pueblo,
“los Picones”, se costeasen gastos propios de la Hermandad.
Durante
todo el siglo XIX, los puestos de mayor responsabilidad en la Hermandad son
ocupados por miembros de la Familia Zambrano; así se van sucediendo en
el cargo de mayordomo: Gregorio Zambrano Velázquez (y sus hermanos Juan,
Francisco de Paula, Antonio Andrés y Antonio Eugenio), Fernando Zambrano
Criado, los hermanos Fernando y Manuel de la Soledad Zambrano
Zambrano y por último a finales de siglo, Fernando Zambrano Naranjo.
La primera mitad del siglo corresponde, por tanto, a una preemiencia de esta
dinastía, que rige todos y cada uno de los aspectos de nuestra Hermandad, con
una seriedad y formalidad no comparables en nuestra localidad en lo que supone
la gestión de una corporación cofrade. Así en 1821 se comienza la escritura
del Libro de Acuerdos (valiosísimo ejemplar encuadernado que se conserva
en el Museo de la Hermandad, donde se dejan asentados los Cabildos y los
Balances de ingresos y gastos año tras año); se redactan nuevas Reglas en
1832 (ejemplar encuadernado, con innumerables ilustraciones pintadas
exquisitamente por el secretario Antonio Peraza); se abre un Censo General de
Hermanos (1845), y se adquiere una Casa para los enseres de la
Hermandad en la calle Ilipa Magna, junto al edificio del Ayuntamiento. En el
terreno religioso, también a iniciativa de esta familia, existe constancia
documental de la celebración anual del Septenario Doloroso desde 1812,
precisamente con cargo a las rentas obtenidas de “los Picones”, tierra que
heredara José Antonio Zambrano de la Parra (famoso ganadero y hacendado
alcalareño) de su tío, antes citado, Andrés Adame Zambrano. Se va sucediendo
de padre a hijo, en esta misma familia, el cargo de Patrono del Septenario
Doloroso, cuya misión era proveer a la Hermandad cada año de los fondos
recaudados de “los Picones” para que se sufragasen todos los gastos
originados por la celebración del Septenario. Así, ocupan este importante
cargo: Antonio Eugenio Zambrano Velázquez y su hijo José Zambrano García-Rull.
En 1844 aparece documentada en el Libro de Acuerdos la incorporación a los
desfiles procesionales del paso del Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte,
a imagen y semejanza de la Hermandad del Santo Entierro de Sevilla.
Otras
ilustres familias soleanas de este siglo XIX son los Criado, los Freire y los
García de Montesdeoca, todos emparentados con los Zambrano. Así, soleanos de
renombre en esta época son: Fernando Freire y Rull (famoso ganadero
alcalareño, a quien se deben las gestiones para defender la santidad de nuestro
Patrón ante el Arzobispado); sus sobrinos Fernando y Pilar Criado
Freire (ésta última donaría a la Hermandad el corazón atravesado
de puñal en forma de Sol que siempre ha sido colocado en la peana de Viernes
Santo de Nuestra Señora); Josefa García de Montesdeoca (esposa de
Fernando Freire Rull, que establece misas los viernes ante el altar de Nuestra
Señora), …
Pero
son los Zambrano quienes se distinguen ejemplarmente, sucediéndose en todo el
siglo XIX las donaciones de estos hermanos, configurando el riquísimo
patrimonio de piezas de orfebrería, tallado y bordado de la Hermandad,
verdaderas obras de arte, como son: el Manifestador de plata de finales del
XVIII legado por Josefa Naranjo Zambrano; el altar neoclásico de 1817 costeado
por varios integrantes de esta familia; la corona encargada al gran orfebre
Palomino por María Dolores Zambrano García; la peana de Viernes Santo; saya,
peto, mangas y manto de la Virgen para el paso del Septenario; los faroles de
entrevaral de mediados del XIX, donados en unión con los Freire; la candelería
antigua del Septenario y Viernes Santo; la peana del paso de traslados al
Septenario; los vestidos de los Armaos…
A finales del siglo XIX y
principios del XX, existe constancia documental de que Nuestra
Señora de los Dolores en su Soledad procesionaba en el espléndido palio de
plata roultz que el orfebre catalán Francesc de Paula Isaura realizó para la
Esperanza Macarena en 1881, y que en 2008 ha sido restaurado por parte del
Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. En estos años la Hermandad
entra en una etapa de gran esplendor, durante la mayordomía del Cura D.
Manuel Zambrano García, ya que bajo su mandato y gracias a su gestión e
impulso, se van sucediendo una serie de estrenos históricos, hasta culminar el
magnífico Paso de Palio de Viernes Santo (manto, saya, faldón delantero y
palio), con bordados de las Hermanas Antúnez, Patrocinio López, Concepción
Requena y Concepción Peláez, con diseños del genial Manuel Beltrán Jiménez.
Así, en los primeros años del siglo XX, deja de procesionar la Virgen en el
palio de plata roultz de Isaura (que aparece a partir de 1905 en la Hermandad de
Los Gitanos de Sevilla), y se culmina la obra magna de la Semana Santa de
nuestro pueblo, como es el paso de palio de Viernes Santo de la Virgen Santísima.
Otro estreno de suma importancia en esta etapa del Cura Zambrano es la nueva
canastilla del Paso del Santo Entierro, tallada por el Sr. Falcet; también se
incorpora al patrimonio la figura del Ángel que se conserva en la Capilla de la
Hermandad; se estrena el Simpecado y se consolida una nueva forma de organización
de los cultos y procesiones, más cercanos a los cánones que establece la
Semana Mayor Hispalense.
En esta etapa de estrenos históricos para la Hermandad, las camareras de
Nuestra Señora fueron sucesivamente Josefa Naranjo Zambrano y su hija María de
los Dolores Zambrano Naranjo; mientras que los priostes eran los hermanos Diego
y Gregorio Sánchez Grande.
Durante el siglo XX, se suceden diversos
acontecimientos de trascedencia que marcan el devenir de nuestra Hermandad,
hasta llegar al momento glorioso de la Coronación Canónica de Nuestra Señora.
Así, destacamos el periodo iniciado a continuación de las nuevas Reglas de
1907, con el Sr. Manuel Velasco Zambrano al frente de la Hermandad,
seguido en el mismo cargo durante más de medio siglo, por los Sres. Hermenegildo
Velázquez García y su hijo Ramón Velázquez Zambrano, resultando
ambos nombrados Hermanos Mayores Honorarios, en atención a su gran dedicación
y labor desarrollada, al igual que otro hermano ejemplar, que durante muchos años
fuera tesorero, Manuel Romero Herrera. En las primeras décadas del
siglo, el altar neoclásico que donaran los Zambrano (1817) donde reciben culto
el Señor y la Virgen, es trasladado al interior de nuestra Capilla, abandonando
la ubicación secular del Presbiterio de San Gregorio. Y el Señor Resucitado,
que estaba en el antiguo altar de la Virgen dentro de nuestra Capilla, pasaría
a ser colocado en el Presbiterio. La Hermandad recibe generosos obsequios de los
Marqueses de Pickman, D Guillermo y Dña Teresa Pérez Grande, ésta última
alcalareña y soleana, pariente de los Sánchez Grande (priostes), antes
citados. Son destacables asimismo en esta primera mitad de siglo, las buenas
maneras en el arte de vestir a Nuestra Señora de sus camareras, Encarnación
Osuna Noguera “la Mataora”, y las hermanas Dolores y Asunción
Palop Zambrano, de lo cual son buen ejemplo las bellísimas fotografías de
la Virgen que conserva esta Hermandad en su Museo.
En 1933, año especialmente conflictivo a causa
de la situación política española, el único paso que procesionó en Alcalá
del Río fue el de la Soledad (con el Señor a los pies de la Virgen, en el paso
de Viernes Santo, sin palio), a pesar de las recomendaciones en contra que se
dieron desde el poder político. Existe constancia documental (cartas de
Hermenegildo Velázquez a su hijo Ramón, así como recortes varios de prensa),
de que el pueblo entero se volcó y resultó una jornada inolvidable, con una
verdadera explosión de fervor cofrade hacia nuestros Titulares. Más adelante,
en 1943 se estrenan los varales del paso de Viernes Santo, obra maestra de Bautista;
el Viernes de Dolores de 1952, el Cura D. Manuel Rojas impone, en la Solemne
Función del Viernes de Dolores, la magnífica corona de plata sobredorada,
realizada por el prestigioso orfebre Manuel
Seco Velasco, tallada a dos caras y que es una de las principales piezas de
orfebrería que atesora la Hermandad. En 1959 hace por primera vez acto de
presencia el Viernes Santo la Banda de La
Legión, que mantiene desde entonces una gran vinculación con la Hermandad,
hecho que motivó en 1989 la decisión de nombrar Hermano Mayor Honorario a este
Honorable Cuerpo de La Legión. En 1964, nuestro hermano Manuel Romero Herrera
(gran benefactor de la Hermandad) dona la finca “La Peña Negra”, doce hectáreas
de tierra situada precisamente en “los Picones”, y que desde la segunda
mitad del siglo XVIII se conoce popularmente como la “Haza de la Virgen”. En
1965 es reinaugurada nuestra Capilla, tras la espléndida labor de restauración
y reforma general acometida en la misma (bellísimo retablo cerámico de Ramos
Rejano a modo de de zócalo, con representaciones del Vía Crucis; nuevos
entallados y dorado del altar neoclásico; artesonado; hermosas vidrieras con ángeles;
tapizado de las paredes y nueva reja para la entrada). Personajes relevantes por
su trabajo en todos estos años resultarían: José Sánchez Arteaga y su hijo
José Sánchez García-Baquero, los hermanos De la Cueva Palop, Amparo López
Zambrano, Luis Gallardo, Manuel García-Baquero, la camarera Dolores Velasco
Moreno-Zúñiga, Jerónimo Peruyera, Sebastián Bravo, los hermanos Montaño
Ortega, Fernando González “Tascón”, … En 1969 se estrenan los nuevo
pasos del Señor y de la Muerte, tallados por el artista local Francisco Velasco
Barahona (que también tallara el del patrón San Gregorio en esos años)
adaptados para ser portados por costaleros; y también la nueva saya para la
Virgen que bordara Carrasquilla.
En 1972 se puede considerar que comienza una
nueva etapa en la historia de la Hermandad, con la nueva Junta de Gobierno
elegida en aquellos momentos, y que encabezara Juan Zambrano Velázquez.
Comienzan unos años decisivos, con un mayor compromiso y participación de
todos los soleanos en los quehaceres de la Hermandad, produciéndose grandes
estrenos. Así, en los años 1974 y 1975 se estrenan los respiraderos y
candelabros de cola del paso de Viernes Santo, obra maestra del taller Villareal.
En 1973 se estrena la ráfaga de la Virgen; la toca de sobremanto y la saya y
manto de camarín de las Hermanas Trinitarias. Destacar también a nuestra
hermana Carmen Olmedo Velázquez, que donara en 1977 la candelería completa del
paso de Viernes Santo, obra cumbre de los talleres Villareal. Y ya con José
Velázquez Moreno en el cargo de Hermano Mayor, se crean y consolidan las
cuadrillas de hermanos-costaleros. Siguió en 1983 como Hermano Mayor Fernando
Barahona Ruiz, bajo cuyo mandato se crea la Juventud Cofrade, y empieza a
organizarse de una forma más eficaz el cuerpo de hermanos-nazarenos en los
desfiles procesionales.
En 1987 comienza su andadura la nueva Junta de
Gobierno elegida aquel año, encabezada por Manuel Montaño García-Baquero,
que estuvo doce años al frente de la Hermandad. Una de sus primeras iniciativas
tuvo un enorme éxito: la aceptación de S.M.
El Rey, D. Juan Carlos de Borbón y Borbón, de su nombramiento como Hermano
Mayor Honorario. En esos años, se acomete una gran reforma del paso del Santo
Entierro, con nuevos candelabros de parabrisas, entallados y una nueva Urna, con
líneas más próximas a la del siglo XIX. En 1988 se encarga al orfebre Manuel
Seco Velasco una corona de oro para la Virgen Santísima, gracias a las
generosas aportaciones del precioso metal que realizaron todos los hermanos de
la Soledad en un tiempo record. A iniciativa de la Junta de Gobierno,
considerando el honor que se debe a la Madre de Dios, se remite al Palacio
Arzobispal solicitud de Coronación Canónica para Nuestra Señora, con su
correspondiente expediente, documentando la mucha antigüedad, devoción y
milagros atribuidos a la Virgen Santísima. Tras varios años de espera, por fin
en 1995 se recibe la feliz noticia de la autorización arzobispal para la
celebración de Solemne Pontifical de Coronación, según el rito establecido
por la Santa Madre Iglesia. Tras un año repleto de actos diversos
(conferencias, exposiciones, procesión en Santa Misión, triduo preparatorio,
Pregón extraordinario, …), el día 15 de Junio de 1996, el Ilustrísimo y
Reverendísimo Sr. Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo (hoy
felizmente Cardenal), coronó canónicamente a Nuestra Señora de los Dolores en
su Soledad, en la Plaza de España de nuestro pueblo, que la aclama como su
Reina y Protectora. La Hermandad procedió a la donación a la Iglesia de
nuestro pueblo de un solar en la barriada del Carmen, para la futura edificación
de un templo y unas dependencias para Cáritas. Desde entonces, se incorporó al
calendario litúrgico de la Hermandad la celebración solemne de los
aniversarios de la Coronación Canónica, con ejercicio de Triduo cada cinco años.
Se incorporan al patrimonio de la Hermandad espléndidos bordados de Rosario
Bernardino, como son: la saya de la Coronación, el Mediatrix, el faldón
delantero del paso de Viernes Santo, …
En estos últimos años, las diversas juntas de
gobierno (encabezadas sucesivamente por Eduardo Velázquez Rey y Aurelio
Domínguez Alemán) han apostado fuertemente por la restauración de las
diversas piezas del extenso patrimonio artístico de la Hermandad, siendo reseñable
la intervención practicada por Enrique
Gutiérrez Carrasquilla sobre la Imagen venerada de Nuestra Señora.
Recientemente ha sido nombrado Hermano de Honor nuestro hermano Ignacio Montaño
Jiménez, en agradecimiento a su dedicación y vida entera volcada por y
para la Hermandad. En esta etapa, comienza su andadura la organización de las
Colonias de Verano, para los más jóvenes soleanos; así como el Belén
Viviente, recreación extraordinaria del nacimiento del Señor por las calles
alcalareñas.
La
gran apuesta de la Hermandad en estos momentos es la Caridad y atención a los
marginados y más necesitados, recuperando el espíritu original de esta
Corporación, cuando tenía a su cargo el Hospital de San Bartolomé. Así, son
de resaltar las generosas aportaciones realizadas a la misión cristiana de
Santa Cruz del Quiché (Guatemala), donde son atendidas sanitaria, educacional y
religiosamente las personas más pobres de este país hermano. Y el gran
proyecto, que actualmente está en sus fases iniciales, de la construcción del
Complejo Asistencial “Nuestra Señora de
los Dolores en su Soledad Coronada”, para el cuidado de disminuidos psíquicos
y sensoriales, que en los próximos años constituirá, sin duda, uno de los
puntales de esta antigua e ilustre corporación. Al igual, que la inminente
construcción de la que será nueva Casa-Hermandad en el solar anexo a la
Capilla de San Gregorio, conocido popularmente como “Corral de La Mataora”, y la compra del antiguo Cine San Fernando,
gran solar ubicado en pleno centro de Alcalá, por acuerdo con la Familia Velázquez
García-López Zambrano.






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